Por qué así
La web no es un encargo, es una cosa viva
Y las cosas vivas necesitan que alguien las mire
El modelo clásico funciona bien exactamente un día: el de la entrega. A partir de ahí la web empieza a separarse del negocio. Cambian los precios, entra un servicio nuevo, se va un empleado que salía en una foto, y actualizar cualquiera de esas cosas cuesta un correo, un presupuesto y dos semanas de espera. Al final nadie actualiza nada.
La suscripción no es un truco de facturación: es la manera de que pedir un cambio no tenga fricción. Si escribir «cambia este precio» no cuesta dinero ni negociación, los cambios se piden. Y una web que se actualiza es, a los dos años, otra web distinta de la que no.

